THE CHRISTIAN SOLDIER -- WINTER 2025
MOMENTOS DECISIVOS
Todos tenemos momentos decisivos en la vida, cuando tomamos una decisión que cambia nuestra vida de una manera trascendental. Trascendental significa de gran importancia o consecuencia duradera. Un momento decisivo es un instante crítico y determinante en el que tomamos una decisión que cambiará el rumbo de nuestra vida, para bien o para mal.
No todas las decisiones que tomamos son momentos decisivos, pero debemos estar conscientes de la seriedad de aquellas decisiones que, en un instante, pueden alterar el rumbo de nuestra vida y/o nuestra caminata con Dios. Y nuestras decisiones siempre afectan a otros, no solo a nosotros mismos.
Una buena amiga una vez me dijo que el momento en que entró por primera vez a nuestra iglesia para un servicio especial fue un momento decisivo para ella. Sabía que Dios la había guiado hasta aquí y sintió que estaba en casa. La decisión de asistir una sola vez a una iglesia diferente cambió el rumbo de su vida y la llevó a conocer toda la verdad de la Palabra de Dios.
El momento decisivo de Isaac ocurrió cuando obedeció a su padre y confió en que él sabía lo que hacía. Abraham llevó a Isaac a la cima de un monte para ofrecer un sacrificio a Dios. Esto no era una experiencia nueva para Isaac. Lo diferente esta vez fue el hecho de que no llevaban un cordero para el sacrificio. Isaac preguntó dónde estaba el cordero, y Abraham respondió: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío.”
Nadie sabe lo que pasó por la mente de Isaac cuando Abraham lo ató y lo puso sobre el altar, levantando el cuchillo para matarlo, pero sabemos que debió haber sido un momento decisivo, porque una vez que Dios detuvo a Abraham, ofrecieron en sacrificio un carnero que encontraron cerca. Estoy seguro de que tanto Abraham como Isaac lloraron de alivio y gratitud a Dios. La confianza de Isaac en Dios fue evidente por el resto de su vida.
Jesús tuvo un momento decisivo en el huerto de Getsemaní, donde oró para que Dios lo librara de la terrible muerte que le esperaba. La Biblia nos dice que finalmente rindió Su voluntad a la del Padre. Se ha dicho que Jesús habría obedecido de todas maneras porque era sin pecado e incapaz de rebelarse. Tal vez sea cierto. Pero Jesús venció el temor carnal y el deseo de vivir por el poder del Espíritu que habitaba en Él. Considera esto: con Su Espíritu, tenemos el mismo poder que Jesús tuvo para vencer el miedo y los deseos humanos que Él enfrentó en el jardín. Así como Él venció Su carne, ¡también nosotros podemos hacerlo!
Jesús dijo en Hechos 1: “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” Tenemos Su promesa de recibir Su poder en el momento decisivo más grande que jamás experimentaremos… ¡recibir el Espíritu Santo!
Los momentos decisivos también pueden ser negativos y tener consecuencias. Por eso es tan importante orar siempre sobre decisiones importantes. A qué escuela asistimos, con quién nos casamos, dónde trabajamos o vivimos, cuál es la voluntad de Dios para las situaciones que enfrentamos, son a menudo momentos decisivos. Es reconfortante saber que Dios nunca nos ha guiado ni nos guiará en la dirección equivocada. Él nos da líderes que pueden orar con nosotros y ayudarnos a tomar decisiones correctas. Es importante escuchar las voces correctas que nos aconsejarán sobre cómo diferenciar entre la voluntad de Dios y la nuestra.
A veces otros toman decisiones decisivas que nos afectan de manera negativa y dolorosa. Esto no significa que Dios nos haya abandonado. Si mantenemos nuestra confianza en Él, podemos depender de Su guía en un nuevo camino inesperado de la vida. Él sabe lo que nos sucederá antes de que ocurra. Nunca nos llevará por un camino erróneo, así que podemos seguir Su guía con confianza y mantener nuestra fe en Él. Mantener abierta nuestra comunicación con Dios y leer y aplicar Su Palabra es la mejor ayuda que podemos tener en tiempos difíciles. A través de la oración, Él nos mostrará las decisiones correctas que debemos tomar. Recuerda esta escritura:
“No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”
Podemos confiar siempre en el Señor.


