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THE CHRISTIAN SOLDIER -- WINTER 2025

UN BUEN DIA PARA MORIR

Se nos amonesta a lo largo del Nuevo Testamento no solo a “creer el evangelio”, sino también a “obedecer el evangelio” y a “predicar el evangelio”. Pero, ¿qué es exactamente el evangelio? Es una pregunta vital, porque no podemos creer, obedecer y predicar el evangelio, a menos que primero tengamos una comprensión sólida de lo que realmente es.

La palabra evangelio proviene de la palabra griega kerygma, que significa “buenas neuvas”, con el enfoque en esa palabra “nuevas”. Se refiere a un acontecimiento completamente nuevo que vale la pena contar. La palabra evangelio no se refiere a toda la Biblia ni siquiera a todo el Nuevo Testamento, sino que se refiere específicamente a las buenas nuevas de que el Mesías por quien la humanidad había esperado tanto tiempo había venido verdaderamente a la tierra y por nuestros pecados fue crucificado, fue sepultado, y resucitó al tercer día, habiendo vencido la muerte, el infierno y la tumba. Aunque parece atroz y desgarrador, es una buena noticia.

I Corintios 15:1‑4 define claramente lo que significa el evangelio: “Además, hermanos, os hago saber el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; [2]por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. [3]Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; [4]y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;”

Tengo confianza en que vosotros creéis el evangelio de Jesucristo. Sé que creéis que Él fue el Hijo de Dios, nacido de una virgen. Sé que creéis que Él murió por nuestros pecados. Sé que creéis que Él fue sepultado y que resucitó de entre los muertos. Sé que creéis el evangelio; AHORA, si crees el evangelio de Jesucristo, quiero decirte cómo obedecer lo que has creído. Hablemos de lo que significa OBEDECER el EVANGELIO.

I Pedro 2:21 dice: “Porque para esto fuisteis llamados; pues también Cristo sufrió por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pasos;”

Como seguidores de Jesucristo, se nos instruye a observar el ejemplo que Él nos ha dejado y a seguir Sus huellas. Él es nuestro ejemplo. Esto corresponde a las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” y “Yo soy la puerta.” Él no vino a mostrarnos el camino — Él es el camino. No vino a decirnos la verdad — Él es la verdad. No vino a darnos vida — Él es la vida. No vino a mostrarnos la puerta — Él es la puerta. Él es nuestro ejemplo y debemos seguir Sus pasos.

Como nuestro ejemplo, cuando Él tomó SU cruz, ¿a dónde fue? Muerte. Sepultura. Resurrección.

Entonces… ¿qué exactamente quiero decir? ¿Quiero decir que también tenemos que ser crucificados, sepultados y resucitados de entre los muertos? ¡SÍ! Sé que parece imposible en la superficie, y sé que suena extraño, pero eso es exactamente lo que significa obedecer el evangelio. Debes ser crucificado. Debes ser sepultado. Y debes resucitar de entre los muertos.

Romanos 6:1‑13 dice: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? [2]¡En ninguna manera! ¿Cómo viviremos aún en él? [3]¿No sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? [4]Somos sepultados con él por el bautismo en la muerte; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. [5]Porque si fuimos plantados juntamente en la semejanza de su muerte, así lo seremos también en la de su resurrección; [6]sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea desecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. [7]Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. [8]Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él, [9]sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se vuelve a enseñar de él. [10]Porque al morir, al pecado murió una vez; mas al vivir, al Señor vive. [11]Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. [12]No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a sus concupiscencias; [13]ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad; sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”

Obedecemos el evangelio de Jesucristo arrepintiéndonos, lo cual es una especie de muerte; siendo bautizados en agua en el nombre de Jesús, lo cual es una especie de sepultura; y siendo bautizados con el Espíritu Santo, lo cual es una especie de resurrección. Si no has hecho estas cosas, no has obedecido el evangelio. Sí, puedes amar a Jesús; sí, puedes haberlo encontrado; sí, puedes haber tenido una experiencia; sí, puedes sentir gozo y paz; pero si no has hecho estas tres cosas, no has obedecido el evangelio. Si no estás predicando estas tres cosas, no estás predicando el evangelio. No quiero quedarme corto de lo que Él tiene para mí.

 

PRIMER PASO: TIENES QUE MORIR

Eso no suena muy agradable, lo sé, pero es necesario, y es escriptural.

Juan 15:13 “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Por supuesto, sabemos que Jesús demostró esto de manera literal. Él literalmente dio Su vida por nosotros. Pero, obviamente, esto significa más que solo el latido de tu corazón; implica todo tipo de sacrificios. Pablo dijo en Gálatas 2:20:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y sin embargo vivo; mas no yo, sino Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

Mi vida incluye mucho más que solo mi pulso, pero morir significa dejar de lado mis sueños, mi tiempo, mi dinero, mi conveniencia y mi seguridad si esas cosas se interponen entre mí y Dios. Y eso es algo que se repite a lo largo de las Escrituras: Pablo, hablando de la vida cristiana en I Corintios 15:31, dijo: “Muero cada día.” Y si tú y yo queremos andar en el camino, también tenemos que morir.

Primero tenemos que morir al pecado.

Romanos 6:6‑7 “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea desecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. [7]Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.”

I Pedro 2:24 “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; por cuya herida fuisteis sanados.”

Pero el arrepentimiento es más que morir al pecado. También debemos morir al yo. Vivimos en una generación egoísta. Cómo gastamos nuestro dinero, cómo gastamos nuestro tiempo, incluso cómo conducimos nuestras relaciones está totalmente enfocado en nosotros mismos: nuestro propio confort, nuestra propia seguridad, nuestros propios sentimientos y nuestros propios apetitos. Y tenemos que deshacernos de eso. Tenemos que morir a nosotros mismos y poner a otros primero. Jesús no puede ser Señor de tu vida si tú ya estás ocupando ese trono. Él dijo: “Mi gloria no la daré a otro” — y eso te incluye a ti.

Y esa muerte es más que morir al pecado y morir al yo; también significa morir al mundo. Tenemos que separarnos del mundo y de sus influencias y de su lógica. No solo una separación temporal, sino una separación permanente — del mismo tipo de separación que sucede en la muerte. Así lo describe Pablo en Gálatas 6:14: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo.”

I Juan 2:15‑17 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. [16]Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. [17]Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Una vez que estás muerto al pecado y muerto al yo y muerto al mundo, estás listo para el siguiente paso: ¿qué se hace con un muerto? Lo entierran; y lo entierran cuanto antes; y lo entierran completamente bajo la tierra, y ponen el nombre correcto en la tumba. Claro, estamos hablando del bautismo en agua por inmersión en el nombre de Jesucristo.

SEGUNDO PASO: TIENES QUE SER BAUTIZADO EN EL NOMBRE DE JESÚS

 

El bautismo es una especie de sepultura.

Romanos 6:3‑4 “¿No sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? [4] Somos sepultados con él por el bautismo en la muerte;”

Gálatas 3:27 “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido.”

Y así como en estas Escrituras se llama al bautismo “en Cristo”, “con Cristo” y “en Su muerte” — ¿en nombre de quién más llamarías en el bautismo? No pondrías el nombre de un extraño en una tumba, sino el nombre de aquel que murió. Y Jesús es el que murió. Por lo tanto, invocamos el nombre de Jesús en el bautismo.

 

Colosenses 3:17  “Y todo lo que hacéis de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”

El bautismo es tanto palabra como hecho.

Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

I Pedro 3:21 “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino la de una buena conciencia ante Dios), por la resurrección de Jesucristo.”

Y así, si “el bautismo ahora nos salva” y Jesús es el único nombre por el cual podemos ser salvos, ¿en nombre de quién más llamarías en el bautismo?

Por supuesto, también podemos mirar el libro de Hechos para ver lo que los apóstoles realmente hacían con los convertidos (¡y debemos hacer exactamente lo mismo!) Cada persona en la iglesia del Nuevo Testamento fue bautizada en el nombre de Jesús.

También es evidente por la Escritura y por el significado de la palabra “bautizar” que debemos ir completamente bajo el agua. “Bautizar” se traduce de la palabra griega baptizó — sumergir, hundir. Cuando Felipe bautizó al eunuco etíope, bajaron al agua. Cuando Jesucristo fue bautizado, subió del agua. Juan estaba bautizando en Enón “porque había mucha agua allí.” Estas y muchas otras Escrituras indican que se necesita mucha agua para bautizar a alguien. Y esto también sigue el tipo que estableció Pablo. No enterramos a alguien echándole tierra encima. Lo cubrimos completamente. Y lo hacemos lo antes posible.

TERCER PASO: TIENES QUE SER BAUTIZADO CON EL ESPÍRITU SANTO

 

Y ahora, si la muerte es típica del arrepentimiento, y la sepultura es típica del bautismo, entonces ciertamente la resurrección es típica del bautismo del Espíritu Santo.

Romanos 6:4‑5 “Somos sepultados con él por el bautismo en la muerte: para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. [5]Porque si fuimos plantados juntamente en la semejanza de su muerte, así lo seremos también en la de su resurrección;”

 

Romanos 8:10‑11 “Y si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto por causa del pecado; mas el espíritu vive por causa de la justicia. [11]Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

Cuando un nuevo creyente está plenamente arrepentido y ha decidido no ser más esclavo del pecado, está listo para ser bautizado con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios mismo. Y ser bautizado con el Espíritu Santo simplemente significa ser llenado hasta desbordar con el Espíritu de Dios.

Él viene a vivir dentro de nosotros para guiarnos y ayudarnos a vencer la maldición del pecado.

I Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

Cuando una persona arrepentida está lista para buscar el bautismo del Espíritu Santo, levantará sus manos y comenzará a adorar al Señor con todo su corazón y mente. ¡No hay nada como perderse en la adoración! No siempre sucede instantáneamente. Depende de la persona, de su deseo por Dios, y de si todavía retiene una entrega total a Dios.

Cuando una persona es bautizada con el Espíritu Santo, comenzará a hablar en otras lenguas según el Espíritu la guíe. Vemos esto suceder en el Día de Pentecostés y a lo largo del Nuevo Testamento mientras los apóstoles difundían el evangelio.

 

I Corintios 14:22 “De manera que las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero más igualmente la profecía.”

Hay muchos beneficios maravillosos de tener al Espíritu Santo. Somos infundidos con gozo, paz y benignidad (Gálatas 5:22‑23); el Espíritu Santo nos ayuda a entender la verdad (Juan 14:26); se nos da poder para vencer el pecado (Gálatas 5:16); somos sellados en la salvación por el Espíritu Santo (Efesios 1:13‑14); se nos da poder para ser testigos de la verdad (Hechos 1:8); seremos resucitados en el rapto por medio del Espíritu (Romanos 8:11).

El bautismo del Espíritu Santo es la promesa de Dios manifestada, “para que tengáis vida, y para que la tengáis en abundancia” (Juan 10:10). No hay duda, entonces, de por qué el bautismo del Espíritu Santo sería comparado con haber resucitado con Él en vida nueva.

Y así, recordemos, y enseñemos también a otros el camino de la salvación: que cuando nos convertimos en creyentes debemos dar seguimiento con obediencia siendo crucificados con Cristo en arrepentimiento, sepultados con Él en bautismo en agua, y resucitados con Él por el bautismo del Espíritu Santo.

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